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lunes, 18 de enero de 2010

U.D 10 LITERATURA: El Barroco

- Historia de la Literatura española. Eje cronológico. Siglo XVII (Barroco)

- Unidad interactiva sobre la literatura en el Barroco.

- El Barroco.

- La lírica en los Siglos de Oro.

- El teatro barroco

- Artículo de vuestra profesora SOBRE EL IDEAL DE BELLEZA FEMENINA EN EL XVII que os ayudará en el comentario de texto que os he entregado.

Durante el siglo XVII los esfuerzos de las mujeres de las clases altas en la búsqueda de la belleza se centraron más en el cuidado del cutis que en el resto del cuerpo. Esta es la época dorada de la cosmética y se impuso la moda del colorete. Se aprecian mejillas enrojecidas (el aliado que oculta la palidez que producen las noches de vigilia y las cenas), polvos blancos aplicados en el cuello y los hombros (debido a la importancia de tener una piel blanca y transparente en contraste con la piel más tostada perteneciente normalmente a la gente que trabajaba en el campo) y lunares en el rostro (que sirven para disimular pecas o granos). En relación con el canon de la piel clara, indicaremos que una costumbre de las mujeres nobles de la época era comer búcaros con la finalidad de proporcionar color a los labios y al mismo tiempo mantener la piel blanquecina. Y es que los búcaros son jarros finos de barro rojizos empleados para conservar fría el agua. Así, pues, las damas comían jarros y en muchos casos se convirtió en una auténtica obsesión que provocó la ira de los moralistas y de los confesores. Estos últimos imponían a las damas la penitencia de no comer búcaros durante varios días.

En el siglo XVII se avanzó notablemente en la formulación de cremas sofisticadas, lociones y esencias; se escribieron numerosas publicaciones relacionadas con la elaboración y empleo de recetas cosméticas. En relación a ello, citaremos el nombre de la florentina Catalina de Médicis ("Reina de Francia", esposa de Enrique II) como gran impulsora del estudio de productos para lograr una piel perfecta.


Ante tal panorama es normal que literariamente muchos escritores aborden una temática típicamente barroca: el engaño de los sentidos. Góngora nos avisará de ese engaño en la conocida composición "La dulce boca..." ("La dulce boca que a gustar convida / un humor entre perlas destilado, / y a no envidiar aquel licor sagrado / que a Júpiter ministra el garzón de Ida, / ¡amantes! no toquéis si queréis vida: / porque entre un labio y otro colorado / Amor está de su veneno armado,/ cual entre flor y flor sierpe escondida. / No os engañen las rosas que al Aurora / diréis que aljofaradas y olorosas / se le cayeron del purpúreo seno. / Manzanas son de Tántalo y no rosas, / que después huyen del que incitan ahora / y sólo del Amor queda el veneno."). 

En el anterior poema se aprecia el tópico clásico Latet anguis in herba (la culebra se esconde en la hierba) que se refiere al carácter engañoso de la naturaleza, y por extensión, de la realidad. La literatura barroca se adentra en la falsa apariencia de la cosas; se muestra preferencia por el artificio y la mentira, en contraposición a la estética renacentista. Así, por ejemplo, la caducidad de la belleza femenina será uno de los temas frecuentes en la poesía del madrileño Francisco de Quevedo. Un ejemplo son los siguientes versos pertenecientes al soneto 469 ("¿No ves que si halagüeñas tiranías / me consumen, que, mustio, cada instante, / roba tu primavera en horas frías, / y ya al arrugado y cárdeno semblante, / que mancillan los pasos de los días, / no volverá a su flor ni amor ni amante?").

En conclusión, el canto a la belleza femenina o a su caducidad es una constante en el arte literario de los Siglos de Oro.

 (María Rita Ramilo Costas)

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